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sábado, 28 de abril de 2012

Lo que no quieras que se sepa ni lo digas ni lo hagas.

Ella no era de esas. Ella no era así. Pero le han hecho tanto daño, han jugado con su amor, le han mentido tantas veces, que ya no puede permitirse creer o confiar. Ya no. Porque es tan grande el dolor que ha sentido al perderlo todo, que lo que venga después ya no le importa. Ni si quiera le interesa saber que será. Y después de la decepción solo le quedan dos cosas: o aprende para bien o aprende para mal. Ella ha escogido la segunda opción. Le tenía dicho que no hiciera a los demás lo que no quería para ella, pero en terca no le ganaba nadie. Y sin saber cuando ni de qué manera, cambió. Ahora se dedica a que quien no tiene nada que ver en el daño que le hicieron pague su dolor, se dedica a hacer sentir lo que ella sintió. A que sufran, a que lloren, a que no sea la única que entienda lo que duele la traición. Y así va por la vida. Mintiendo y traicionando. Lo que ella no sabe es que hay cosas que no se pueden ocultar, y una de ellas es la verdad, y que la traición, la traición se paga con la peor de las sentencias: la soledad. 



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